La PUERTA ABIERTA DE UNA NUEVA ERA

Charly Galicia

Eyes, skin, bone, contour, language as a flower.
Manic Street Preachers

Para M.

El verano pasado viajé a Atlanta y Nashville por primera vez. A estas alturas de mi vida,
pasados ya los treinta y cinco, me encuentro pensando que cada situación está ubicada en el
segundo tiempo del partido. Quizá por lo anterior, cada ocasión voy tratando de dejar la
pesada loza de la razón que me acompañó de los veinte a los treinta. Aunque no suelo ser
especialmente melancólico ni nostálgico, a veces me gustaría poder decirle a ese joven más
joven, que el que ahora escribe, que bien valía la pena no pensar tanto y actuar en
consecuencia de lo inesperado, de lo no sabido, de lo inédito.

Chris no podía ir por mí al aeropuerto, ya que el arribo coincidía con la clase de
natación de su hijo, pero dio una serie de instrucciones para llegar en el metro hasta la
estación cercana al lugar que sería nuestro alojamiento por una semana. Tras años de haber
vivido en la ciudad de México, pensé que estaba listo para cualquier metro del mundo y
justo así fue cuando sin ninguna complicación abordé el Marta’s Train de Atlanta y llegué
hasta la estación indicada.

Menciono lo anterior porque justo fueron el conocimiento del metro chilango y la
curiosidad de lo inédito quienes me llevaron hasta el evento de C-Pher, a.k.a. La máxima,
quien presentaría una selección con lo mejor de su repertorio.

Salí desde Puebla, aparentemente calculando el tiempo para llegar a la
“acreditación” mencionada en el correo electrónico. El show pactado para las veinte treinta
horas, exigía una hora y media antes para hacer entrega de las membresías del casino.
También era la primera vez que entraba a uno, tomando en cuenta que durante la
preparatoria trabajé en un clandestino, en una de las zonas más adineradas de la
angelópolis. Total que no recordaba que ese día comenzaban a llegar los peregrinos hacia el
Tepeyac, una venganza de la virgencita hacia mi ateísmo, pensé.

El recorrido que debía darse en dos horas y media, fue lentamente transformándose
en tres, horas tres horas y media, cuatro horas. Hasta que pensé que no iba a llegar ni a la
acreditación ni al evento. Por suerte, alguien mencionó que haría una parada de cortesía en
metro Puerto Aéreo. Sin pensarlo, me bajé y comencé mi pequeña odisea: de la línea uno a
la línea tres, de la línea tres a la línea doce y estaría en la esquina del casino. Seguramente
había otras maneras de llegar pero no en días guadalupanos. Siempre he pensado que
aunque uno sale de la provincia, la provincia nunca sale de nosotros. Así que me fui
conduciendo con la esperanza y la ingenuidad con las que llegué a vivir ahí hace ya casi
diez años.

Llegué a insurgentes norte y de ahí la lluvia ya comenzaba a hacer de las suyas. Se
me había ocurrido comer un pan en la estación y llegué más inflamado que un sapo. El
chiste es que la dichosa acreditación no duró ni tres minutos. Me dieron cien puntos para
apostar, si quería. No entendí nada de eso y me enfilé al auditorio. Justo al entrar, el evento
aún no comenzaba. Miré mi tarjeta del metro y la tomé como Thor gordo a su martillo:
todavía soy digno.

Hidden Mistake y Diablo nos dieron la bienvenida. Un par de chistes y nos tenían
en la bolsa, tanto a propios como ajenos. Me dio gusto que no era el único que acudía por
vez primera. Ahí también estaban madres y abuelas de gente más joven que yo,
acompañando y, al mismo tiempo, descubriendo un universo del cual la prensa y la mala
prensa, no hacen sino estigmatizar, amparadas en el discurso idiota del prejuicio, que
podemos leer en las redes sociales. El verdadero show para todo la familia.

C-Pher inició el primer acto como quien se sabe segura que es la estrella de una
larga noche anhelada. Agradeció el cariño mexicano al reconocerse ya como una de
nosotros. Y, entre tanto y tanto, se dio el lujo de hacer una confesión: se había puesto en
pareja hacia poco tiempo en Argentina con Dyhzy, quien ofreció su primer número en
México.

Leexa Fox continuó la velada con un número que le exigió cantar en vivo, debido a
una falla en el sonido y la pista. Nunca se achicó y salió avante ante la adversidad que le
exigía nuestro evento.

Diablo se encargó de rememorar a Jenny Rivera y estrenó un outfit de mariposa
monarca que me trasladó hasta los ojos de una saltillense que me trajo hasta acá y que por
motivos de trabajo no había podido acudir. Una profesional en todos los aspectos. Tú sabes
quién eres.

C-Pher volvió para regalar el momento romántico de la noche: Perfecta, de
Miranda, para Dyhzy; unos minutos el donde el amor venció al odio. En un punto, me
quedé disosciando hasta que sonaron las primeras líneas de No me voy a morir, de
Belanova. Fue cuando entendí el final de este texto.

Salí de ahí, miré el tatuaje que tengo en el brazo izquierdo, una línea de Little baby
Nothing, de Manic Street Preachers, emulando la portada de Generation Terrorist, su
primer álbum. Y es que a veces, sólo a veces, los segundos tiempos de la vida también son
amorosos recordatorios de que no todos los finales son terribles, aunque nos estemos
acercando a ellos. Que se pueden experimentar cosas por vez primera si se tienen las
agallas de abrir la puerta, ya sea en nombre de la ingenuidad o la búsqueda inocente. Que
las flores también se abren paso entre las grietas.

Las flores repartidas por C-Pher seguían en las manos de algunos, en la salida del
casino cuando el frío comenzó a intensificarse. Enfilé hacia mi alojamiento de esa noche
pensando las palabras de Camus, esas que dicen algo como: “en medio del invierno,
descubrí que había dentro de mí, un verano invencible”.

Semblanza.

Carlos Morales Galicia (México, 1989) Tiene estudios en lingüística y literatura hispánica. Es editor y crítico literario. Actualmente, se desempeña como docente en la Universidad Autónoma de Durango, campus Saltillo.

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