MADERAS MOJADAS

Catalina Cingolani Fuente El señor Juan Umbra cerró los ojos. Contó hasta tres antes de volver a abrirlos. Estiró la pierna derecha, y las puntas de los dedos de los pies se rozaron entre sí. Se frotó las manos contra los muslos y le extrañó descubrir que llevaba puesto el pantalón de vestir. Inclinó la…

Catalina Cingolani

Fuente

El señor Juan Umbra cerró los ojos. Contó hasta tres antes de volver a abrirlos. Estiró la pierna derecha, y las puntas de los dedos de los pies se rozaron entre sí. Se frotó las manos contra los muslos y le extrañó descubrir que llevaba puesto el pantalón de vestir. Inclinó la cabeza. Con la yema de los dedos percibió una tela aterciopelada debajo de su cuerpo. Inmediatamente pensó en el calor que sentía y en cuánto le costaba respirar con ese olor a maderas mojadas. Le pareció oír voces agudas a lo lejos. Muy lejos. Y entonces recordó el trinar de aquellos pájaros negros que se posan sobre el húmedo machimbre que separa su casa de la vereda y la zanja en construcción. Con la mano derecha alcanzó la izquierda y se tocó el dedo anular vacío. Era un movimiento habitual, casi automático el de buscar su anillo de matrimonio. A veces lo hacía girar con el pulgar de esa misma mano, y el anillo giraba y giraba como ahora lo hacía la Tierra alrededor de un sol que no podía ver. Otras veces lo tocaba una y otra vez. Necesitaba ese frío del oro ámbar, eterno. Hacerlo le daba seguridad cuando se sentía sólo en el mundo o cuando no encontraba impulsos que lo mantuvieran conectado o despierto. Pero esta soledad era distinta. Era suficiente y estable. “Estoy descalzo”, pensó mientras se rascaba la planta del pie izquierdo con el otro pie. Miró hacia la derecha, luego hacia la izquierda. La cabeza le dolía con constante serenidad. Algo debajo de la nuca le apretaba el hueso occipital. Entonces contó hasta tres. Nunca antes había percibido su cuerpo profundo y extenso como el fuego. El señor Juan Umbra cerró los ojos.

SEMBLANZA

Catalina Cingolani nació en La Plata. Estudió narrativa con Gabriel Báñez y poesía con Eugenia Straccali. En 2022 publicó “Nube de tierra” por Editorial Hespérides. “La casa de lana”, es su segundo libro de poemas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *